Campesinos brasileños fabrican su propia agua ante la sequía

Los agricultores de Italva, a 311 kilómetros de Río de Janeiro, se consideran legítimos “fabricantes de agua”. Para lograrlo, ninguno de ellos tuvo que entrar a un laboratorio ni manipular moléculas de oxígeno e hidrógeno.

Su “experimento” se lleva a cabo en terrenos montañosos y muy pequeños. Los agricultores trabajan en crear o recuperar áreas de Mata Atlántica, uno de los biomas más devastados de Brasil. Aplican técnicas para reducir (o eliminar) la necesidad de pesticidas y fertilizantes artificiales, construyen cajas de contención en las colinas para almacenar el agua de lluvia e instalan fosas sépticas para recoger los desagües de los hogares de la zona.

Sequia Su propósito es proteger un recurso cada vez más valioso en una región con un régimen de lluvias errático y con fuentes de agua (ríos y arroyos) que se han ido secando poco a poco. Sólo hace falta construir una fosa séptica a modo de “mini-estación” de tratamiento de aguas. El líquido tratado (con 96% de pureza) se utiliza para regar las legumbres, la caña de azúcar y los cítricos cultivados.

Por otra parte, se realiza un vallado en las montañas, zona donde se forma una cubierta forestal en la parte superior de las colinas. De esta manera, se consigue restaurar el bosque nativo. Así, los árboles de la Mata Atlántica retienen el agua de lluvia. Si llueve un poco más en la región, el líquido desciende en pequeñas cantidades por la colina sin erosionar el suelo.

Así, la montaña actúa como un gran tanque de agua. Además de la extensa cobertura forestal en la parte superior, la colina tiene plantaciones a nivel (que protege de la erosión de la tierra).

Los recursos y el soporte técnico para el trabajo en la ciudad y en más de 71 municipios de Río de Janeiro proceden de Rio programa rural, una alianza entre el Banco Mundial y el gobierno estatal. Iniciado en 2006, el programa apoyará a unos 78.000 agricultores hasta 2018.

Aunque literalmente no sean “fabricantes” de agua, los agricultores brasileños se preocupan de devolverla a la naturaleza en la mejor condición posible después de usarla, y así hacer una contribución contra el cambio climático y servir de ejemplo a otros países.

Estos esfuerzos podrían replicarse en otros lugares de América Latina, donde 110 millones de personas viven sin acceso al saneamiento y sólo el 20% del agua es tratada después de su uso; y donde entre 1961 y 2011 la superficie agrícola aumentó de 561 millones a 741 millones de hectáreas, lo que redujo la cubierta forestal.

Fuente: Diario El País. http://internacional.elpais.com/internacional/2015/09/22/actualidad/1442882171_179630.html

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